Amor prohibido en la biblioteca

Seguramente te sorprenderás con esta carta porque no entenderás bien ni quién es el (primera pista) que la escribe y cuál es el motivo. Confieso que conozco muy pero muy poco de tu vida. Casi nada, solamente lo que pude averiguar por ahí, gracias a mi gran curiosidad.

No te asustes que no hecho nada malo. Solo conozco tu nombre, que por cierto es mi preferido, y tu apellido que puede ver en un listado de la biblioteca ante un descuido de la encargada. Eso solo y un poquito más, gracias a las redes sociales y un poco de habilidad en la búsqueda.

No sé qué tienes, pero el color de tus ojos no me permiten concentrarme cada vez que entras a la biblioteca junto a tus libros. Nunca me había pasado nada igual a ese nivel. Las primeras veces pensé que era algo transitorio y que ya se me iba a pasar.

Me equivoqué, porque todo fue a mayores. Mi timidez me ha impedido en varias ocasiones, 4 para ser más exactos, poder hablar contigo. Todo lo tenía estudiado hasta el mínimo de los detalles, pero no me animé. También conozco tu voz, de una vez que nos encontrábamos en la misma fila para solicitar unos libros y tú estabas delante de mí.

Por eso esta carta, para confesar que me pasa algo muy especial contigo, porque no puedo entender cómo puedo enamorarme de una persona con la que nunca intercambié ni una sola palabra. Pero es así. Pienso en ti durante todo el día, y más de una vez he soñado que nos encontrábamos  a la salida e íbamos por un café de esos que duran horas y horas, entre sonrisas mutuas y buenos momentos.

Por favor, no tomes a mal esta carta. Fue escrita con las mejores de las intenciones. Solo te pido una oportunidad de conocernos, porque sería lo mejor que me pudiera pasar en esta vida.

Ah, por cierto, soy el chico de gafas que siempre que puede se sienta enfrente de ti en la biblioteca, a unos metros de distancia (segunda y última pista)…

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